Ha pasado un tiempo. Suficiente para mí; no mucho, no poco para la sociedad. No me gustan las etiquetas, me parece que condicionan, encasillan y limitan las experiencias (y yo creo que cada una es única y particular y que este hecho hace que no sean comparables entre sí), pero 25 años envuelta en este sistema es imposible que no hagan mella. Es por eso que he intentado estos últimos días tratar de describir qué es lo que me produce una sonrisa en el rostro y tranquilidad en el alma. Es un poco difícil, porque el único compromiso que hay con él es la promesa de hacerlo sentir bien y la única obligación que tiene conmigo es compartirme su vida sólo si desea hacerlo. Mi única estrategia es convencerlo de que nuestra libertad está salvaguardada conmigo; y que dentro de ella no se encuentra incluida la indiferencia ni los malos momentos evitables. Pero luego pienso que esto no se parece en nada al sentimiento que une parejas en esta sociedad, y en ese momento, en ese preciso instante aparece de las sombras la inseguridad y me arrastra hasta el rincón más profundo de mis miedos... ¿Eso es socialmente incorrecto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario