domingo, 9 de diciembre de 2012

Dar es dar



En esta, nuestra sociedad capitalista, generalmente compartimos algo y esperamos recibir algo a cambio, como en el trueque; sólo que extendimos esta concepción económica a todos los ámbitos de nuestra vida. Consideramos que dar sin recibir nada a cambio es perder, ya que le ponemos un valor a todo lo que tenemos para ofrecer: si no percibimos una recompensa, nuestras reservas de lo que tenemos para ofrecer se ven mermadas. Esta es una época de consumismo desaforado de cosas materiales, pero valdría la pena detenerse a pensar en la tranquilidad que nos brindaría el hecho de dar sin esperar nada a cambio, y adicionalmente que hay ciertas cosas que no se agotan ni que perdemos en parte cuando las compartimos, así no recibamos nada en contraparte. Siempre he encontrado una gran fascinación por el fuego, en parte por que ilustra exactamente lo que quiero expresar en este post; ¿Han visto cómo una fogata es capaz de encender otras llamas sin mermar la propia, e incluso se alimenta de otras llamas que se junten con ella?

Sería maravilloso poder compartir de la misma manera que hace el fuego, regalos intangibles como la generosidad, el amor, la amistad, el tiempo, el conocimiento, entre otros; así nadie nos quedaría debiendo nada. Lastimosamente, la coherencia entre lo que se dice, se hace, se entrega y se espera es de las cosas que más me ha costado trabajo lograr en mi vida; e inevitablemente muchas de las veces espero recibir cierta respuesta al momento de entregar algo. Sin embargo, la lucha continúa.





martes, 27 de noviembre de 2012

Un mensaje

Siempre me ha gustado comunicar sentimientos y emociones a mi pareja mediante mensajes de texto. Me parece que facilita que la lírica aflore y este medio cuenta con el elemento de grata sorpresa incluido en él. Por lo general no espero respuesta, sólo lo hago con el fin de comunicar algo que considero que amerita hacerlo: frases, pensamientos, fragmentos de literatura... En fin. Amo recibir mensajes también, porque nunca los espero; la sensación de expectativa y posterior regocijo que transcurren en tan pocos segundos es difícil de describir. Recién comenzamos a salir, recibía mensajes a menudo; casi con la misma frecuencia con la que los enviaba. Luego, por un problema con el operador del celular de él, dejé de hacerlo. Como buen animal de costumbres, dejé de extrañarlos, finalmente el objeto de mis mensajes no era recibir respuesta de vuelta. Soy feliz expresándome, haciéndole saber, y eso bastaba. Pero hoy... Hoy fue un día diferente. Hoy volví a sentir la misma expectativa que había olvidado por meses, una vez más recordé cuán feliz me ha hecho leer, y apareció de nuevo la misma sonrisa que la primera vez... Hoy se me dio por creer que mis anhelos pueden ser posibles... Hoy, después de meses, he vuelto a recibir un mensaje de texto.

lunes, 26 de noviembre de 2012

¿Estoy en lo socialmente correcto?

Ha pasado un tiempo. Suficiente para mí; no mucho, no poco para la sociedad. No me gustan las etiquetas, me parece que condicionan, encasillan y limitan las experiencias (y yo creo que cada una es única y particular y que este hecho hace que no sean comparables entre sí), pero 25 años envuelta en este sistema es imposible que no hagan mella. Es por eso que he intentado estos últimos días tratar de describir qué es lo que me produce una sonrisa en el rostro y tranquilidad en el alma. Es un poco difícil, porque el único compromiso que hay con él es la promesa de hacerlo sentir bien y la única obligación que tiene conmigo es compartirme su vida sólo si desea hacerlo. Mi única estrategia es convencerlo de que nuestra libertad está salvaguardada conmigo; y que dentro de ella no se encuentra incluida la indiferencia ni los malos momentos evitables. Pero luego pienso que esto no se parece en nada al sentimiento que une parejas en esta sociedad, y en ese momento, en ese preciso instante aparece de las sombras la inseguridad y me arrastra hasta el rincón más profundo de mis miedos... ¿Eso es socialmente incorrecto?

¿será cuestión del destino?

Ahora pienso si es cuestión de destino, si simplemente soy una guardiana de sueños temporal y una compañera de aprendizaje que desaparece cuando su misión acaba. Es una loable tarea, pero debería asimilarla primero para desempeñarla mejor, primero debo convencerme que no es injusto, sólo que todos tenemos diferentes roles en la vida... Finalmente, ¿hay algo más altruista que acompañar a la personas que amas a la felicidad, así no sea contigo?, respiro profundo y un gran suspiro se escapa del pecho...