Siempre me ha gustado comunicar sentimientos y emociones a mi pareja mediante mensajes de texto. Me parece que facilita que la lírica aflore y este medio cuenta con el elemento de grata sorpresa incluido en él. Por lo general no espero respuesta, sólo lo hago con el fin de comunicar algo que considero que amerita hacerlo: frases, pensamientos, fragmentos de literatura... En fin. Amo recibir mensajes también, porque nunca los espero; la sensación de expectativa y posterior regocijo que transcurren en tan pocos segundos es difícil de describir. Recién comenzamos a salir, recibía mensajes a menudo; casi con la misma frecuencia con la que los enviaba. Luego, por un problema con el operador del celular de él, dejé de hacerlo. Como buen animal de costumbres, dejé de extrañarlos, finalmente el objeto de mis mensajes no era recibir respuesta de vuelta. Soy feliz expresándome, haciéndole saber, y eso bastaba. Pero hoy... Hoy fue un día diferente. Hoy volví a sentir la misma expectativa que había olvidado por meses, una vez más recordé cuán feliz me ha hecho leer, y apareció de nuevo la misma sonrisa que la primera vez... Hoy se me dio por creer que mis anhelos pueden ser posibles... Hoy, después de meses, he vuelto a recibir un mensaje de texto.
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